miércoles, 14 de noviembre de 2007


El tren no se detiene

En esta eterna noche de otoño europeo,
la torpe mole de hierro inglés
se arrastra sobre fríos rieles remachados,
que de milagro resisten
la tensión del acero
y el peso de la pobreza.

Avanza cortando carreteras suburbanas
con barreras y chicharras y con coches,
y cortando también como queso fresco
los cuerpos, los huesos, los tejidos, los tendones
de los que eligen
cómo, cuando y porqué morir
(que sin consuelo se acuestan boca arriba
a mirar la última estrella,
la última luna).

Adentro, a media luz,
en los íntimos vagones de segunda clase,
los fieles obreros portugueses
diluyen el hambre y la soledad
con cerveza barata y con ratones.

Cumple su destino, dejando atrás
pueblos, campanarios de iglesias,
ríos secos y sonrisas de ancianos,
que nos miran
en pasado,
en presente,
en futuro.

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