Piedad
Sobre el pecho de su madre
(sobre el cual todos recaemos finalmente)
yace destrozado
el hombre que muere
con el universo entero.
Un crudo saco de huesos rotos,
una cabeza hinchada por las espinas,
un torso abierto por el frío acero.
Las costillas, la rótula, el fémur, los tendones.
Una hoja mojada sobre
un lecho de tierra fresca.
El desafío es no sentirse culpable
del destino de este hombre.
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