martes, 28 de agosto de 2007



Comiendo boquerones en Santoña
entiendo que para que este milagro suceda,
hace cinco meses un hombre se acostó temprano
y despertó de madrugada
tomó café con leche y comió tortilla
zarpó en su barco verde hacia el Cantábrico
contempló a las gaviotas sobre el mástil de proa
rezó a cierto dios cristiano pidiendo buena pesca
lanzó las negras redes al agua agitada
recitó un poema de Salinas en su mente
tarareó una antigua canción de marineros
pensó en una mujer
comió un trozo de pan
recordó a su madre muerta
cerró los ojos y durmió cinco minutos
recogió las redes atestadas de anchovetas
agradeció a quien haya que agradecer
vendió su pesca al empresario
contó dinero y volvió a su hogar
bebió vino tinto apurando un guiso frío
y temprano se metió en la cama, hasta mañana.

Ahora sí.
Tomo cerveza y como anchoas
sin cargo de conciencia.

No hay comentarios: