lunes, 4 de enero de 2021

La Cacería (riesgo de spoiler)

Anoche vi por segunda vez una película increíble y triste que se llama La Cacería (“Jagten” en danés). El protagonista es ese marciano nórdico que se llama Mads Mickkelsen, que parece tener la cara de plastilina y la boca caída hacia abajo como Stallone. Su pelo lacio le da un look de psicópata, como en esa otra película donde Javier Bardem es un asesino serial con una cacerola de pelo lacio bien peinado y camperita de jean. Mads también hizo de un malo medio gay en una de James Bond.

Bueno, Jagten es una película devastadora sobre un hombre bueno y solitario llamado Lucas al que acusan de haber abusado de una niña hermosa como un ángel pero también picara y mentirosa. La nena, a pesar de su edad, está enojada y despechada porque cree que está enamorada de Lucas, y cuenta a sus profesoras una historia fantasiosa sobre Lucas y su pito. La actuación de la niña es increíble: cuando miente hace un tick con la boca como usualmente les sucede a los que mienten mal -como mi padre-.

El problema es que el tipo es inocente (al menos la película no muestra el abuso y sutilmente, como la rana en el agua hirviendo, la trama nos convence de que no sucedió), y todo el pueblo se complota para arruinarle la vida al pobre Lucas. La película transcurre en un pueblo chico habitado por gente mal vestida, ignorante y chusma. Nieva mucho en ese pueblo.

Vi por primera vez esta película en el cine cuando vivía en Montevideo con mi ahora ex mujer. Ambas cosas, principalmente vivir en una ciudad triste habitada por gente generalmente mala como Montevideo, hicieron la película mucho más trágica en aquel entonces. Recuerdo volver caminando muy triste y confundido por ese barrio horrible donde vivíamos, repleto de edificios, gente y basura acumuladas. Me sentía muy solo a pesar de estar acompañado. Anoche la volví a ver solo en mi casa en Buenos Aires y no me pareció tan trágica como antes. Ahora vivo solo con mi perro y generalmente estoy feliz.

Sin embargo, lo que me volvió a impresionar es la templanza de Lucas, la insistencia con la cual se enfrenta, hasta físicamente, a un pueblo y a sus amigos de toda la vida que lo acusan de pedófilo. Lucas tiene una mirada fría y profunda como lanzada desde un antiguo fiordo submarino. Pestanea muy poco Lucas, como los locos y los convencidos. La salida fácil era agarrar el viejo Volvo y rajarse del pueblo, desaparecer de la noche a la mañana, pero el tipo se queda ahí, a pesar de todo. Sus ex amigos le hacen cosas horribles.

Hacia el final, ya habiendo pasado un tiempo desde el quilombo, hay una escena tremenda en la cual la nenita mentirosa y Lucas se encuentran en una casa enorme y solitaria, en el medio de un bosque, rodeada de ciervos sucios y viejos. Un obstáculo psicológico los separa y no pueden acercarse. La nena está paralizada. Lucas, que nunca se dio por vencido, no nos decepciona y se le acerca, la alza y ahí es cuando la garganta se te cierra y el corazón te pega una patada en el pecho. Es una película sobre el perdón y la misericordia, como la película protagonizada por ese otro hombre bueno y solitario llamado Jesús de Nazareth.

Al terminar la película, mientras lavaba los platos, pensaba que la vida es increíble pero hay que andar con mucho cuidado porque en un segundo se puede poner muy fea la cosa y no sabes cómo vas a reaccionar. Los amigos verdaderos son muy pocos, muchos menos de los que vos pensás. ¿Te escapás o la peleás como Lucas? Lucas era más duro que el hierro, que el hierro duro.

 

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