domingo, 21 de octubre de 2007


Todo pasa de mí y por mí
como la luz que simplemente atraviesa un prisma,
iluminando con mil colores
la cara redonda de una mujer peruana.

Como pasa por mis manos antes de comer
lavando la tinta negra de los periódicos,
el agua que atolondrada cae por el desagote
hacia el mar inmenso y repleto de ballenas
perseguidas por diminutos chinos con arpones.

Pasan los ejércitos, los hombres pasan
con demasiado peso sobre los hombros,
cargados de honor y frustración.
Pasa el invierno con su carga de algodones.
Fatalmente todo pasa, por suerte.

Vuela un cóndor sobre una cumbre lejana
que decora el horizonte como un moño,
y somos tan pequeños que no vale la pena
quedarnos quietos. Pasemos otra vez.

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