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domingo, 21 de octubre de 2007


Avanza mi tesis como avanza la marea.
Inevitable, eterna, imprescindible,
un laberinto de leyes, decretos y dictámenes.
Un nudo de cintas de papel.

Un complejo entramado de sinrazones
que no quieren saber su fin último
de simple publicación académica,
de justificación de horas apátridas.

Sueña con encuadernarse, con ser leída
y aprobada, sueña con ser citada por
en otras publicaciones. Nunca lo hará;
su destino está sellado: reposará
olvidada en una biblioteca hasta
que las polillas la consuman fatalmente.

No le interesa ni el derecho ni
la libre competencia,
ni las joint ventures ni ocho cuartos.
Solamente es una montaña de bytes
archivados en un ordenador barato.

Sin embargo, es egoísta y obsesiva:
únicamente le interesa
ser aprobada por un Tribunal
una fría mañana de noviembre,
entre paredes de nogal.

Todo pasa de mí y por mí
como la luz que simplemente atraviesa un prisma,
iluminando con mil colores
la cara redonda de una mujer peruana.

Como pasa por mis manos antes de comer
lavando la tinta negra de los periódicos,
el agua que atolondrada cae por el desagote
hacia el mar inmenso y repleto de ballenas
perseguidas por diminutos chinos con arpones.

Pasan los ejércitos, los hombres pasan
con demasiado peso sobre los hombros,
cargados de honor y frustración.
Pasa el invierno con su carga de algodones.
Fatalmente todo pasa, por suerte.

Vuela un cóndor sobre una cumbre lejana
que decora el horizonte como un moño,
y somos tan pequeños que no vale la pena
quedarnos quietos. Pasemos otra vez.

Hoy, que

comer
tomar
pensar
llorar
amar
escribir
opinar

es un pecado,
permitámonos pecar.

miércoles, 3 de octubre de 2007


Zoom

A lo lejos, en la ladera de la montaña,
brillan como diminutos focos de incendio
las luces municipales del pueblo
que duerme en la noche despejada,
con ventanas abiertas
y cortinas blancas bailando
con el viento de verano,
cuando ya pasaron las fiestas.

En la casa sencilla de dos plantas,
digna y blanca y con flores rojas colgando
en el balcón de hierro negro,
como un pájaro herido duerme
desnuda y sola una mujer
tapada con una manta verde,
y sueña a su madre muerta ya hace años
en esa misma cama y bajo esa misma manta.

La madre, en algún lugar que no sabemos,
sueña a su hija durmiendo en su casa de pueblo
iluminado con luces municipales
en la ladera de una montaña,
y así se cierra el círculo.

lunes, 1 de octubre de 2007


Los horrores de la guerra.

Yacen otros hombres tendidos en el suelo
sobre ríos de sangre propia y ajena
bajo la noche despejada del funesto 1808
en la colina del Príncipe Pío, otra Gólgota más.

El patriota es moreno y con los brazos
en alto y con estigmas en las manos
ruega clemencia como un cristo madrileño
pero sabemos que no la habrá.

El destino obstinado no se desdice
y cumple funestamente su triste papel de juez y parte
cuando de morir injustamente se trata.
Morir en sí es injusto.

En el centro de la obra, los que esperan la ráfaga
de plomo destrozarles el pecho como una calabaza
se tapan el rostro con las manos y ocultan el horror.
Si no lo ven no existe; la eterna paradoja.

Pero para ellos habrá gloria seis años después
en el lienzo que contemplo
y que es un pequeño Cielo
y el artista cierto Dios.

Detrás de las colinas, en la catedral sombría e inútil
resuenan los disparos de la infantería francesa
gatillando una y otra vez
hasta que amanezca el 4 de mayo.

jueves, 27 de septiembre de 2007




Un gato en tres actos

[I]

Negro y ausente,
el gato del Albayzín
en su patio andaluz,
obviamente (como todos)
espera su momento
para conquistar el mundo.

Es decir que aguarda
de una vez por todas
poder comerse al ratón
insolente que religiosamente
cruza el patio a las siete y cuarenta y dos
de martes a viernes
de sur a norte
a altísima velocidad final.

[II]

Al margen de las guerras,
los crímenes pasionales,
la inmigración ilegal
y el idiota gran hermano,
el elegante gato negro
que rima con terciopelo,
camina sobre el adoquín mojado
por las últimas lluvias de septiembre
que inundaron la ciudad.

Es y será, fue y viene
de nuevo hacia mí
como una sombra triste,
el gato que según la enciclopedia
“es una de las mascotas
más comidas en China”.

[III]

Por si llegan los chinos
con hambre de mascotas,
como un guardián egipcio
custodia su íntimo patio
de macetas y dibujos
y arabescos y hojas
que perdieron su rama
hace ya varios días.

Del patio a mi lado
sube presuroso por la cornisa blanca
y de mi lado al asiento
de una motoneta roja,
lo fotografío entero,
como carne de poesía,
yo, que en realidad
odio a los gatos.

jueves, 20 de septiembre de 2007


No me impresionan las grandes catedrales,
las murallas romanas del siglo II,
el oro del Vaticano,
la Victoria alada de Samotracia.
el metro de París, Eurodisney.

Afortunadamente me sorprende una hormiga
que pasa delante de mí cargando una hoja seca
hacia quién sabe dónde;
una bandada de golondrinas que migran
sabiamente hacia el sur sin dudarlo ni un segundo;
ver tres patos chapoteando eufóricos en un río,
felices de estar tan vivos y empapados;
un pichón que hace tiempo entró a mi despacho;
el olor a pan tostado cuando mi madre duerme en casa.

Claro que agradezco que también me impresione
la forma de conejo de una nube blanca flotando en el horizonte;
que aún nazca un cordero a estas alturas de la Historia;
poder comer frutas arrancándolas de un árbol;
contemplar las bombas que no explotaron en la Basílica del Pilar en Zaragoza;
que en Argentina se pueda morir de hambre;
oír aún la voz de mi padre, cantando después de almorzar.

viernes, 14 de septiembre de 2007


Jugando ayer a la pelota
en mi mente tiré rabonas,
intenté chilenas, dibujé paredes impecables,
milimétricas, arriesgué pases a lo Cruyff,
subidas dignas de Roberto Carlos,
gambetas de Diegota, desbordes cual Garrincha,
dribblings a lo Di Stéfano y pegadas de Zizou.

Sin embargo, la triste verdad
es que soy aquél que tropezó
con la pelota y quedó finalmente
tendido y sofocado en su propia área chica.

miércoles, 12 de septiembre de 2007


Hoy dormiré en un pueblo
en el norte de Navarra,
entre montañas, entre bosques,
entre ermitas, entre cuatro paredes,
y fuera de ellas, la noche abismal.

La noche inabarcable que deshace
los sentidos recae sobre este pueblo
como una sentencia inapelable,
(y ésta no es más que una metáfora
para decir “la noche es linda”).

Está claro que mañana saldré temprano
a caminar mientras el pueblo despierta
a un nuevo sábado gigante, y comeré
moras maduras arrancándolas del árbol,
a la manera de los animales,
naturalmente y sin intermediarios.

domingo, 9 de septiembre de 2007


Julio César sabe que lo van a asesinar,
fue informado hace dos días
por un ciego y su mujer.
Pero su destino está sellado,
y para la desgracia del Imperio
marcha sin temor hacia el Senado.

Sabe de los puñales, de los traidores,
de Bruto, de Cayo y demás conspiradores
que planearon el acto de muerte
del dictador en marzo del 44 AC.

El elegido mira el puñal, lo encierra
torpemente en una funda de cuero crudo
y sale a la calle a cumplir con su papel
ofreciendo a Baco el parricidio.

Las campanas suenan a las doce
y un cuervo lanza un ronco graznido
mientras el acero penetra en la carne veintitrés veces.
A los pies de la estatua de Pompeyo
culmina una era, se cierra el círculo.