Hoy dormiré en un pueblo
en el norte de Navarra,
entre montañas, entre bosques,
entre ermitas, entre cuatro paredes,
y fuera de ellas, la noche abismal.
La noche inabarcable que deshace
los sentidos recae sobre este pueblo
como una sentencia inapelable,
(y ésta no es más que una metáfora
para decir “la noche es linda”).
Está claro que mañana saldré temprano
a caminar mientras el pueblo despierta
a un nuevo sábado gigante, y comeré
moras maduras arrancándolas del árbol,
a la manera de los animales,
naturalmente y sin intermediarios.
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