
Jugando ayer a la pelota
en mi mente tiré rabonas,
intenté chilenas, dibujé paredes impecables,
milimétricas, arriesgué pases a lo Cruyff,
subidas dignas de Roberto Carlos,
gambetas de Diegota, desbordes cual Garrincha,
dribblings a lo Di Stéfano y pegadas de Zizou.
Sin embargo, la triste verdad
es que soy aquél que tropezó
con la pelota y quedó finalmente
tendido y sofocado en su propia área chica.
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