jueves, 20 de septiembre de 2007


No me impresionan las grandes catedrales,
las murallas romanas del siglo II,
el oro del Vaticano,
la Victoria alada de Samotracia.
el metro de París, Eurodisney.

Afortunadamente me sorprende una hormiga
que pasa delante de mí cargando una hoja seca
hacia quién sabe dónde;
una bandada de golondrinas que migran
sabiamente hacia el sur sin dudarlo ni un segundo;
ver tres patos chapoteando eufóricos en un río,
felices de estar tan vivos y empapados;
un pichón que hace tiempo entró a mi despacho;
el olor a pan tostado cuando mi madre duerme en casa.

Claro que agradezco que también me impresione
la forma de conejo de una nube blanca flotando en el horizonte;
que aún nazca un cordero a estas alturas de la Historia;
poder comer frutas arrancándolas de un árbol;
contemplar las bombas que no explotaron en la Basílica del Pilar en Zaragoza;
que en Argentina se pueda morir de hambre;
oír aún la voz de mi padre, cantando después de almorzar.

No hay comentarios: