jueves, 27 de septiembre de 2007




Un gato en tres actos

[I]

Negro y ausente,
el gato del Albayzín
en su patio andaluz,
obviamente (como todos)
espera su momento
para conquistar el mundo.

Es decir que aguarda
de una vez por todas
poder comerse al ratón
insolente que religiosamente
cruza el patio a las siete y cuarenta y dos
de martes a viernes
de sur a norte
a altísima velocidad final.

[II]

Al margen de las guerras,
los crímenes pasionales,
la inmigración ilegal
y el idiota gran hermano,
el elegante gato negro
que rima con terciopelo,
camina sobre el adoquín mojado
por las últimas lluvias de septiembre
que inundaron la ciudad.

Es y será, fue y viene
de nuevo hacia mí
como una sombra triste,
el gato que según la enciclopedia
“es una de las mascotas
más comidas en China”.

[III]

Por si llegan los chinos
con hambre de mascotas,
como un guardián egipcio
custodia su íntimo patio
de macetas y dibujos
y arabescos y hojas
que perdieron su rama
hace ya varios días.

Del patio a mi lado
sube presuroso por la cornisa blanca
y de mi lado al asiento
de una motoneta roja,
lo fotografío entero,
como carne de poesía,
yo, que en realidad
odio a los gatos.

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